Chau al chupete!, Chau a la mamadera!
Es la hora de despedirnos de dos accesorios inseparables: el chupete y la mamadera; y como es sabido las despedidas, no siempre son tan simples.
Llegando a los dos años es el tope límite que se le da al niño para dejarlos de usar, sin embargo, si aún el pequeño los sigue manteniendo como hábitos, son los padres lo que deberán decidir y ponerle fin a esa situación.
Tanto el chupete, como la mamadera, nacen como subrogado del pecho materno; lo que en un inicio se usó por necesidad para calmar cierta ansiedad, o como el caso de la mamadera para alimentar; se le suma a eso que estos objetos se convierten en objetos de satisfacción. Es decir que se juntan dos cuestiones: calman la necesidad, y como son derivados del pecho materno se le agrega a ello un placer extra, sobre eso se construyen los hábitos. Luego, ya no hará mas falta tener hambre para quererlo, solo se lo pide por el placer que conlleva. Se escucha frecuentemente decir que sin determinado chupete no puede dormir; y quizás ya esta roto, o que no va a tomar leche sin la mamadera; por la costumbre del niño de tomarla en determinada posición, o a upa de los padres.
El chupete y la mamadera tienen que ver con el vínculo que se construyó con la mamá, la zona privilegiada es la oral; con ello la boca, y el succionar, así como se hacia con el pezón, o con el pecho materno, estos dos objetos tan privilegiado, reemplazan y presentifican algo de la relación con la madre, se asocian a una escena de satisfacción.
Por eso cuesta tanto despedirse, ya que si en algún momento se obtuvo cierta ganancia de placer de ellos, es difícil querer abandonarlo, no es fácil resignar algo con lo que se obtuvo tanta gratificación.
Es muy importante que sean los padres quienes en última instancia decidan decirles chau – al chupete y la mamadera – y ponerles un límite para poder pasar a otra cosa. Tal vez, no sea todo junto, maneras hay muchas, como cada una lo decida. Primero uno, luego el otro, ofrecerle el chupete de regalo a alguien mas chico, comprar un vaso nuevo. Ir poco a poco, incluyendo beneficios y otras formas de placer a eso nuevo, desconocido; para poder ser desplazado e incorporar nuevas maneras de satisfacción. Por parte de los padres, es necesario tener la firmeza y convicción de sostener esa decisión tomada, ya que es muy probable que aparezca en el niño un período de llanto inmotivado, o capricho y no poder solucionarlo como antes fácilmente lo hacían. Hay que darle tiempo al tiempo y con un poco de paciencia el niño podrá desplazar ese placer encontrado en otra cosa, algo que tenga mas que ver con el momento que está viviendo: … Esto de crecer y ser más independiente.
Lic. Maria Nahmod
Psicologa de niños, adolescentes y adultos jovenes
Staff La Cigueña